La herencia

La herencia que me dejas, es pura apariencia

y no nos deja más remedio, que dejar de creer

en las manos que dan y la cara que sonríe,

nos nos deja más certeza, que dejar de creer.

Y cuando te vayas, ya no sabremos lo que vales,

y nos sabremos cuando somos en la noche,

cuantos años hemos pasado juntos en la leña

aguantando el calor de la ceniza negra.

Recogiendo el picón que deja la estufa,

el fresco licor del orujo después de la comida

en familia y de una inmejorable barbacoa, pero,

no nos deja más certidumbre, que dejar de creer.

En lo que ciertamente vale la pena no se piensa

es mejor marear la perdiz que repetir el mismo

plato que tanto te ha gustado sin haberlo probado,

no nos deja más evidencia, que dejar de creer.

Y aunque las tierras se vayan a otro país y la naves

de Baviera atraquen el puerto, el mar las llevará

donde se merecen estar, pues no hay cuentos sin final,

nos nos deja más remedio que la duda de la verdad.

José Luis Segura Coronil.

Me sentaré

Me sentaré a esperar
el amor de mi vida.

Me sentaré a esperar
por si decides volver.

Me sentaré a esperar el reloj
para escapar de este mundo.

Me sentaré a esperar el mismo
tren que no pasa dos veces.

Me sentaré a esperar un viaje
que nunca llegará.


Me sentaré a esperar
a la oscuridad para amarte
mejor, sin que nadie nos vea.

Me sentaré a esperar a que vengas
para besarte, porque te he echado de menos,
y mucho.

Me sentaré a esperar y observar lo más bonito que he visto en mi vida.

Me sentaré a esperar mi comida
favorita, en mi restaurante favorito,
contigo.

Me sentaré a esperar el café
recién hecho de la mañana.

Me sentaré a esperar
a que empiece mi película.

Me sentaré a esperar
a que la comida esté hecha,
para saborearla.

Me sentaré a esperar
a que te pongas guapa,
aunque no te hace falta.

Me sentaré a esperar
mi jubilación que nunca llegará.

Me sentaré a esperar a morir
porque todos sabemos que llegará.

Me sentaré a ver la gente
morir sin vivir.


Me sentaré a esperar que alguien
me escuche aunque no tenga carisma.

Me sentaré a esperar un mundo
sin guerra y sin racismo.

Me sentaré a esperar
a que la pobreza iguale a la riqueza.

Me sentaré a esperar
para a ver la gente sin maldad.

Me sentaré a esperar a que publiquen
mi libro de poemas.

Me sentaré a esperar y pensar
como escribir mis últimos versos.

Me sentaré a esperar
la espera agónica
de mis últimos días
junto a tí.

Me sentaré a esperar a amarte
aunque no pueda levantarme.

Me sentaré contigo
a esperar…

Teclas contiguas

-Lo amaba.

El runrún, era sosegado.

Cálido. Amable me atrapaba.

Sentía mi cuerpo volar por las nubes

de algodón palpitaban mis ojos, caminan

a todas horas y esperan ese susurro arco-

iris en mis labios simpaticomimeticos.

Cortés. Delicado me deleitaba.

El grito, era envenenado.

-Lo amaba.

José Luis Segura Coronil.

Poema

Y allí estabas tú, justo en frente de mí.

Te pregunté por tú nombre, y no quisiste responder.

Me pegué a tu pomo, como queriendo entrar.

A veces pienso que fue lo mejor que me ha pasado en la vida.

Me vuelves loco de remate, me abres al mundo y me cierras a la vez.

Respiras aroma puro, calor del día, suspiros de melancolía.

Eres el amor que se quedó en un baúl, el amor puro y sincero.

También eres el amor triste que nunca llegará a ningún puerto.

Eres el padre, madre, amigo, abuelo o amor perdido en unos versos para el recuerdo.

Eres color, estaciones, libros, caminos, juicios, soledad, tristeza, religión, Dios, alegría, muerte y vida.

¿Que eres sino?

Sí es que lo tienes todo.

Que más se puede desear.

Hasta cuando ya no queda nada eres capaz de habitar entre los muertos.

Siempre quedas en el firmamento de los versos escritos con rima o sin ella.

Y aunque ya no nos quede nada, ni vida, se que te hice bella, se que te hice mío.

En el recuerdo de mi alma maltratada, mi diario, mi amigo me mira de frente y le digo.

Prestame esta noche de libros, de renglones, de metáforas y anáforas, de sonetos y terceros, de romances y de liras con ollas de cabeza.

Pero lo dicho. Siempre quedarás tú.

Aunque venga un pandemia y todo se funda con el sol, los versos nunca se perderán. Siempre quedarán.

Tú y yo.

José Luis Segura.

Mi escondite

Déjame amar de verdad aunque sea mentira.

Déjame sentir tu cuerpo rodeado de espinas.

Déjame atarme a tus columnas llenas de injurias.

Déjame sentirte dentro de tus migrañas.

Déjame leerte lento cuando ya no tenga ganas.

Dejame mentirte a oscuras como te siento en mi cama.

Dejame ver tus fotos de hace años cuando no teníamos nada.

Déjame ducharme en tu espalda donde mis besos te caigan.

Dejame adentrarme en tus sueños donde ni siquiera te escapas.

José Luis Segura Coronil.

Enamorate todos los días

Los versos se diluyeron
en las alcantarillas de la ciudad
corrían inéditas sin sentido
en busca del alma ausente.

La calma se vacilaba
en la mar vacía y seca
sabiendo que su verdadero
amor se ausenta.

Los latidos del corazón
marcan el alma, la pasión
y los incrédulos sentidos
me lleven a una isla desierta.

La soledad me solapa
me acaricia a la muerte
pero sin sentido deseo morir
en un mundo que no es el mío.

Enamórense de la vida,
de las caricias, 
de los besos sin salida,
de las noches con hogeras,
de las bebidas,
del cigarrillo casi teminado,
del cigarrillo hilado,
del amor que te ama
del amor que te engaña. 
Reenamorate del mundo
y vuelvete a enamorar
para coger rumbo
y escribir de nuevo
con rima de poesía
un guión de teatro
que aunque no sea tuya
y maldigas
con y sin vida
sigas,
sigas,
y sigas...


José Luis Segura Coronil.

Insólito

Verso de mayo como te apagas
y sin apenas vivirte te embalas
con tanto arte que brillas
en las noches de calor por Sevilla.

Y a lo lejos veo coches sin mascarilla
soltando tal olor que el virus
está llegando al cielo y tal cosa
nos debería temblar de miedo.

Demos un respiro a las aves
que han comenzado a vivir 
donde se sienten seguras 
sin un arma en la nuca.

Mi amor incondicional: La vida
que apenas has acaecido con el sol
que sigue pidiendo un respiro
ese que no le das a tu ombligo.

Oye amigo miraté de frente al espejo
donde jamás te has mirado sin consuelo
y prometeté amarte en las penumbras
de las noches que se disfrazan.

Encierra las armas y busca amor
que los girasoles ofrecen
y no piden nada a cambio solo 
que no le falte su dueño, 
bueno y también el nuestro: El Sol.

José Luis Segura Coronil.

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